Primero me presento, me llamo Pedro y soy mexicano. Llevo más de tres años practicando nudismo y pocas veces he tenido oportunidad de estar involucrado en una situación CFNM, que desde mi punto de vista son cosas completamente diferentes.
Vivo cerca del Aeropuerto de la Ciudad de Toluca, está de más comentar que vivo en un lugar frío y húmedo. Mi primera experiencia CFNM fue con mi suegra. Comencé a tener problemas de espalda y cadera por frío invernal. Así que mi suegra me propuso que asistiera a un temazcal. Mi esposa, no estuvo de acuerdo, argumentando que el cambio de temperatura me haría mucho daño.
Mi suegra me preguntó que si aceptaba que me bañara con hierbas, similar a un baño de temazcal. Al pensar en “baño” nunca me imaginé que lo haría desnudo. Así que no tuve problema en aceptar. Pensé que si mi suegra estaría presente, no tendría que estar desnudo, solo en ropa interior. Además ahí estaría mi esposa.
Nos organizamos para un fin de semana. Realmente, no le daba mucha importancia al asunto, hasta que mi esposa me comento, que el fin de semana trabajaría y que no podría ayudar a mi suegra. Al momento no di mucha importancia al evento, y me dijo que una persona le ayudaría. ¿2 personas para echarme agua?, no le veía el caso.
Llegó el dichoso día, una vecina de mi suegra (la que le ayudaría) puso en un bote grande las hierbas en agua y las puso a hervir. Imagínen un bote enorme de té de hierbas.
Mi suegra me solicitó que me metiera al baño y me mojara con agua caliente. Obviamente lo hice y me senté en una silla que ya estaba dentro de la regadera. Mi suegra entró junto con la otra persona, llevando el bote de agua con hierbas y al verme sentado con la camiseta y mi boxer mojado, me dijo: “No puede estar vestido. Las hierbas le van a manchar la ropa. Se tiene de desnudar”. Me puse de mil colores. No daba crédito a lo que escuchaba. Dos mujeres, menores de 45 años me verían desnudo. Una mi suegra y otra una completa desconocida.
Sobre una tina vacía, puse la silla y me senté. Me cubrieron con una cobija mientras vaciaban el agua de hierbas. En un momento, el baño parecía sauna. Me asfixiaba del calor y comencé a sudar. Ellas me pedían que no me descubriera y que aguantara por más tiempo.
Hacía tanto calor que comencé a tener una erección. Como estaba cubierto no me veían. Pero el calor era tan intenso y sofocante que no me importó que estuviera desnudo y que tenía una erección.
Pasaron varios minutos (20, creo yo), cuando les dije que ya no aguantaba tanto calor. Así que me quitaron la cobija y las dos observaron mi erección. Estaba contento, me sentía libre, porque estaba desnudo, mi cuerpo estaba caliente y no me importaba quien me veía.
Entre risas, mi suegra comentó: “¿Tiene calor Pedrito?”. Me dió pena, pero a la vez estaba contento con esa situación. Con hierbas me cubrían mi cuerpo, me echaban agua. Recuerdo que algunas hojas se “atoraban” en mi pene y me gustaba sentir sus manos como me rozaban al quitarme las hojas. Al echarme agua, me acariciaban la espalda, las nalgas, las piernas. Una experiencia muy placentera.
Al terminar, mi suegra comenzó a secarme y no pude evitar tener nuevamente una erección. Las dos veían sin hacer comentarios.
