
Primera vez.
El 17 de mayo de 2008, se llevó a cabo una reunión nudista en Villa Cuauhtémoc, municipio de Otzolotepec, Estado de México.
Preguntando con algunos vecinos de la localidad y con los propietarios del lugar que se alquiló, se puede afirmar que es la primera reunión nudista – familiar que se llevó a cabo.
Con la participación de integrantes del grupo Pronud y en su mayoría del grupo Nudmex, se logró reunir a 11 parejas y 10 niños.
Haciendo historia.
El punto de reunión: Centro comercial a la entrada del boulevard Adolfo López Mateos. Con frío, característico de Toluca, se encontraba el primer auto asistiendo puntualmente a la convocatoria. No fue necesario esperar más tiempo cuando llegaron dos vehículos más.
Descendiendo de los vehículos, grandes chamarras hicieron su aparición. Y debajo de ellas, el calor de una hermandad se hacía presente. Rostros conocidos, rostros nuevos, rostros con sueño, rostros desvelados; mostraban una gran sonrisa al estrechar las manos.
No fue necesario esperar mucho tiempo. Treinta minutos después de la hora convocada, la mayoría de los integrantes habían llegado. Minutos después, los celulares se hacían presentes al igual que la impaciencia, como un niño al saber que lo llevarán a un parque de diversiones. Tarde, pero todos llegaron.
Iniciamos la caravana, quince minutos antes de las diez de la mañana.
Para algunos el camino fue largo. Para otros, agradable. Para otros, con nostalgia se comentaba que en el Distrito Federal ya no se ven lugares tan extensos de vegetación. Solo prevalece el color gris de los edificios y la contaminación. Al ver que todavía existen lugares y caminos rodeados de árboles, es cuando recapacitamos sobre el gran daño que le hacemos a nuestro planeta.
No recuerdo bien el tiempo que hicimos, calculo que demoramos entre 15 y 20 minutos.
Lo más extraño: tolerancia.
Villa Cuauhtémoc, no es la excepción. Casas de adobe, casas de lámina. Familias con 3 hasta de 10 integrantes viviendo en el mismo inmueble. Haciendas, residencias y conjuntos habitacionales de ARA y GEO.
Personas de sombrero, botas y a caballo. Familias en sus autos último modelo. Personas en camión colectivo y personas de sombrero de paja sobre su Ford Lobo. Nada fuera de lo común, cuando se vive en este país.
El lugar del evento fue una alberca pública. Ideal para reuniones familiares ya que ofrece un jardín anexo para preparar una parrillada y tomar el sol después de una refrescante zambullida.
Mientras el personal encendía la caldera, para disponernos a disfrutar de una temperatura superior a 28°, todos acercábamos sillas alrededor de la alberca para colocar la maleta o la mochila de nuestras pertenencias. Nuestro único espacio personal.
Alrededor, todo se encontraba cerrado, cubierto de plásticos en las puertas de cristal y en los accesos. Se estaba respetando nuestra intimidad.
A pesar que en Villa Cuauhtémoc, la mayoría de las personas son muy religiosas (y hablan otomí). Hay mucha apertura en ideales. Los dueños de la alberca no mostraron incomodidad al mencionarles que practicamos nudismo. Se preocuparon por atendernos bien y dieron aviso que ese día la alberca era ocupada en un evento privado.
“Al agua patos”.
Poco a poco, las chamarras quedaron en el olvido. La ropa quedaba doblada sobre las sillas o dentro de la maleta. Todos mostraban la disponibilidad de estar desnudos, pero a su vez, cubrían su cuerpo.
No, no es que alguien nos estuviera observando o que nos diera vergüenza. Era porque sentíamos frío.
Por un momento recordé la fría sensación de aquella mañana en el zócalo. Cuerpos desnudos, mostrando una pequeña sonrisa de nerviosismo, pero temblando de frío.
Mientras los adultos sumergían la punta de los dedos de los pies, los niños ya estaban dentro de la alberca gritando de felicidad.
Costaba trabajo entrar al agua. Pero los comentarios de apoyo y algarabías que comenzaban a prevalecer, impulsaban a la mente para zambullirse en el agua. A decir verdad, el cuerpo, siempre opuso resistencia.
Jugamos, nadamos, nos divertimos.
Durante siete horas nos olvidamos de nuestros problemas, del trabajo, de la escuela.
Era difícil de creer, que se podía practicar nudismo, en un lugar apartado, seguro, privado y tan cerca del Distrito Federal. Hasta hubo el comentario que es una excelente opción para asistir cada ocho días.
Despedida
Debo de reconocer que hubo un problema con la comida.
A las dos de la tarde, que nos disponíamos a comer, la comida no alcanzó. Errores de cálculo, que no tomaron en cuenta que la mayoría no había desayunado y, después de nadar y hacer ejercicio, da más hambre. Problema que se solucionó al pedir más porciones que, en menos de 15 minutos, ya teníamos en la mesa.
La comida fue tipo buffet: Ensalada, arroz, frijoles con totopos, milanesa de pollo en fajitas, entomatado de res, paletas de jícama y piña colada.
Antes de retirarnos, todos nos acercamos al comal, para disfrutar de los últimos tacos de guisado. Haciendo los últimos comentarios de lo vivido, nos despedimos.
Agradeciendo a Hector y Gaby por la colaboración para llevar a cabo esta reunión. Y a cada una de las personas que asistieron, esperando que el lugar, así como la atención, haya cubierto sus expectativas.
